Hoy tenía pensado pasarme por los blogs de algunos amig@s de la coctelera y no iba a actualizar el mío. Lo que pasa es que al ver lo que M-n-rivers "ha escogido" especialmente para mi, se me ha puesto un nudo en la garganta y he empezado a recordar...

Hace años que no puedo escuchar el Claro de Luna de Beethoven sin que se me salten las lágrimas, M. M. alguna vez ha tenido que abrazarme para tranquilizarme después de escuchar esta pieza. Y es que hay tanto detrás de esa obra para mi que es casi imposible resumirlo en unas pocas palabras, aunque lo intentaré.

Durante mucho tiempo me refugié en la música, pues era y es una forma de escapar de este mundo, sé que muchas personas me entienden, era una puerta invisible de escape. Cuando me sentaba al piano, yo no necesitaba en ese momento absolutamente a nadie, pues todas las sensaciones y sentimientos se quedaban en la habitación flotando en forma de notas musicales y me daban vida. Allí estábamos H. S. (pues como es lógico bauticé a mi amigo como se merecía) y yo. Los libros de partituras siempre estaban cerrados, pues
tenía (supongo que la seguiré teniendo) una muy mala manía de aprender de memoria todas las obras que interpretaba. Más de una vez me llevé una buena reprimenda de mi profesor por hacerlo, pero no podía evitarlo. Y no es por una buena razón es que soy muy lenta leyendo. He tocado piezas de diferentes autores y el que más me ha llenado ha sido Beethoven. Con sus obras, sentía que podía expresar la música desde el fondo de mi alma. Era como si Ludwig y yo hablásemos el mismo idioma, parecía casi mágico poder tocar el piano, muchas veces de pequeñita ya lo había soñado. Y el sueño se hizo realidad. Pero (siempre hay un pero) la envidia, los celos y la ignorancia pueden llegar a acabar con cualquier cosa y en este caso acabaron con H.S. de una manera cruel y dolorosa para mi. No quisiera tener que contar como salió de mi vida, pero si quiero dejar claro que fue una venganza, y como se suele decir las venganzas se sirven en frío, por lo tanto sería un postre y para entendernos mejor el postre se lo sirvieron "otros" mientras yo estaba hospitalizada.
H.S. desapareció de mi vida y también un "secreto de familia" que yo guardaba en su interior. Pues yo tenía dentro del piano, entre las cuerdas, un pequeño sobre con "algo" dentro. Eso, jamás se lo he podido contar a nadie (excepto a M. M). Y muchas noches, me he preguntado si la persona que se quedó con el piano habrá encontrado y leído aquello. Sé que nunca lo sabré.
Después de aquel mal trago, solía colarme en tiendas de pianos y con la excusa de que iba a comprar uno, empezaba a probarlos, aunque lo único que deseaba era poder
tocar. Con el tiempo, me fue dando vergüenza volver a entrar en aquellos sitios y nunca más he vuelto a tocar. Pero siempre que escucho el Claro de Luna, no puedo dejar de sentir un nudo en la garganta y un ardor en los dedos.