T. es un pueblecito de sólo 137 habitantes a donde últimamente
me escapo siempre que puedo, un lugar donde la mente encuentra un
verdadero refugio y el cuerpo se desintoxica de tantas cosas
innecesarias con las que nos rodeamos diariamente. Allí no hay
televisión por que no llegan las señales de las antenas, no hay
Internet ya que los teléfonos funcionan con electricidad, por no haber
no hay ni miedo y los vecinos no cierran las puertas durante el día.
Es muy fácil encontrarse bien en T. lo único que hay que hacer es
disfrutar de la naturaleza, mirar las nubes con forma de oveja que a
menudo hacen compañía a las verdaderas que pastan junto a las cabras
ajenas a todo, escuchar lo poco que se oye que suele ser el viento, los
pájaros, algunos perros ladrar, los cencerros del ganado y poco más.
Allí he descubierto que las estrellas siguen estando en su sitio que no
es que han desaparecido, tan sólo se ocultan tras la contaminación
lumínica aquí en las ciudades.