Hace años cuando yo vivía en otra tierra en la que la noche de San Juan se celebraba por todo lo alto, subía a la azotea y esperaba las

luces de las primeras hogueras. Era mi fiesta preferida.

Hoy después de algunos años, miraba el cielo nublado, mientras alguien

me decía por teléfono que hoy es la noche del fuego.

Será que me he vuelto vieja de repente, que aquí no se vive como allí,

que el tiempo y la distancia borraron las verbenas de mi memoria

que las fiestas huelen a rancio

o que al fin me he vuelto tan despistada como mi padre.

¿Será eso?