Ayer volvió a pasar, No valió de nada respirar profundo, pensar en positivo y todas esas cosas que intenté una y otra vez. Tenía los dientes apretados, tanto que me dolía el oído izquierdo. Fue como el manotazo fuerte y doloroso que se le da a un niño para que suelte algo de las manos. Así lo dejé caer "todo", de golpe. Mi tranquilidad, mi suma de días positivos, la voluntad de querer ser mejor. Todo se esfumó.

Entré en la habitación de la plancha, agarré las tijeras y me pase la punta por el brazo, la barriga y el cuello hasta que mi ansiedad interior, mi rabia, mi tensión fue desapareciendo a cada arañazo.

No sé porque lo hago, pero el resultado es malo. Yo me siento como una alfombra, sacudida, adormilada, floja, triste, sin ganas de nada, ni de comer, ni de hablar con nadie, ni de hacer nada. Tengo que salir de esta laguna mental infinita y destructiva. Puedo agotarme limpiando la casa como otras veces o puedo ducharme y salir a caminar y a olvidar.