Creo que por fin he conseguido dormir por la noche, he pasado una semana un poquito rara, que no podía dormir por la noche y luego por el día me quedaba frita como una abuelita en el sitio más inesperado. Ayer cuando M.M. se fue a trabajar, la batería del coche dio su último suspiro, y hoy como lo necesitaba para esta tarde nos hemos levantado temprano, como las alondras y nos hemos ido andando hasta un centro comercial que hay cerca de casa. Allí mientras el compraba la batería yo he comprado algo de fruta. Hemos subido andando hacía el garaje donde guardamos un “puñado de caballos” dentro de un motor. Él ha intentado colocar la dichosa batería, pero estaba mal, al revés, los contactos no estaban donde tendrían que estar y los cables no llegaban. Así que me dice:

-Necesito un cable, no tendremos un cable por aquí ¿no?

Y yo me pongo a buscar un cablecito por todas partes y  ¡encuentro uno! con el que M.M. ha hecho un apaño al más puro estilo cubano y lo sorprendente es ¡que ha funcionado! Yo arrancaba el motor y él conectaba los cables. Pues así lo hemos hecho, pero en la primera rampa se ha parado el coche; M.M. sale de nuevo, abre el capó, yo paso corriendo al asiento del piloto repito la acción, giro la llave, desconecto la alarma de los c.......“entiéndase lo que ha de entenderse”, piso suave el acelerador ¡ruido de motor! Regreso al asiento del copiloto y M.M. al suyo. Pues por raro que parezca, hemos conseguido llegar al centro comercial (en coche hemos tenido que ir por otro lado a causa de las obras, a más o menos un kilómetro). Una vez allí, desmontamos la batería y la descambiamos, ponemos la nueva y ¡a casa a comer!

A nosotros ¡Que no nos hablen de rutina!