A veces pienso que por mucho que nos refugiemos siempre hay “algo” que nos persigue para robarnos la tranquilidad de nuestros días. Por desgracia supe una vez lo que es tratar con un alcohólico (era un familiar, la persona más buena que he conocido, tenía un solo defecto, beber) y sé lo mal que sienta y como cambia a una persona. Parece que los/as bebedores/as me persiguen, después del incidente con la vecina, ayer M.M. y yo pasamos por un muy desagradable “trago”, el trago se lo tomó otro y lo pagamos nosotros. Que mal… ¿Me tendré que resignar?