Si hay algo que odio, es hacer daño a las personas que quiero. Es extraño comprobar que a veces eso que nosotros creemos que es tan doloroso, los demás apenas le dan importancia. Anoche después de cenar M.M. se puso a limpiar su teléfono móvil mientras veía una película, y yo me puse a leer. No importa el tema, ni el motivo, sólo sé que él me dijo algo y yo me mosqueé (sabia que M.M. tenía razón) y… le hice daño. Me levanté del sofá, como una niña mimada y me fui a la habitación donde tengo la ropa, enchufé la plancha y empecé a llorar y a planchar.

Él entró en la habitación, yo me sentía fatal, y me daba mucha pena haberle tratado mal. Entonces M.M. me miró, sonrió y me dijo:

-Soy una víctima de la violencia de género.

Y yo lo abracé muy fuerte llorando. Me dijo que no fuera tonta, que le había hecho gracia mi reacción, yo seguía llorando. Desenchufé la plancha, apagamos las luces, cerramos la llave de paso del gas, nos lavamos los dientes juntos, como siempre, y nos fuimos a la cama. Estuvimos mucho rato abrazados hasta que nos dormimos.