Ahora tendría que estar durmiendo, más que nada por la hora que es. Y es que llevo años (toda mi vida) queriendo levantarme temprano y espabilarme antes de una o dos horas, pero nada es como una condena invisible que juega conmigo que se ríe de mí.

La noche me va enredando con sus trampas sutilmente, lentamente, un día me acuesto a las once y al siguiente a las doce y los dos próximos a las dos y cuando M.M. tiene fiesta entonces nos dan las tres y las cuatro. Y se me vuelve a girar el sueño, la madrugada me da ganas de todo, de limpiar, de leer de cocinar…Llevo unos meses observándome, y da la casualidad de que a las ocho de la noche empiezo a “despejarme” cualquier actividad se me hace ligera y amena, la misma cuatro o cinco horas antes parece imposible. ¡Dichosos biorritmos de búho! Pertenezco a ese 20% de personas con un reloj biológico o biorritmos nocturnos. Y dicen que no se puede hacer mucho para ir en contra de nuestro reloj interior. Paciencia... (Escrito a las cinco de la mañana)