Mi hogar es mi búnker, lo siento (mentira) por aquellas personas que no lo entienden. En la calle no soy tan antipática. A mi casa viene muy poquita gente y escogidos, me comporto con ellos natural, tal como soy. Lo mismo pasa con el teléfono, lo tienen cuatro gatos.
La intimidad es algo de gran valor para mí, la tranquilidad de mis cuatro paredes no me gusta que sea amenazada por nadie. Ni por las parejitas de testigos de Jehová (que están más perdidos cada día) ni por los caza-clientes (si quiero algo lo busco, sé dónde ir), y mucho menos por encuestas ¡del gobierno! (para que preguntan si hacen lo que les da la gana).
El otro día, no recuerdo la hora, mientras M.M. estaba durmiendo después de haber pasado una mala noche y yo deambulaba por la casa podando las margaritas y arreglando las plantas, tocaron al telefonillo. Lo descolgué y pregunté, oí voces de mujeres (ellas a mí no me oían). Colgué el telefonillo, pues pensé que se habían equivocado. Al mismo tiempo escuche el timbre de la casa de abajo. Me fui con las manos llenas de tierra y los bolsillos llenos de hojas secas, a buscar un trapo para limpiar lo que había ensuciado. Me lavé las manos, y cuando estaba limpiando el interfono tocaron al timbre. Nadie, de los que vivimos bajo este techo soportamos ese dichoso sonido, quizá son malos recuerdos de aquellos tiempos en los que sonó tanto y por tan malos motivos, ni E. C. el gato lo soporta. Suena una vez, miro por la mirilla y veo tres figuras frente a mi puerta. Dos de ellas hablan seduciendo al vecino (soltero) que no duda en responder a todas las preguntitas de turno. Una tipa morena, pone sus dedos en el timbre y lo hace sonar por segunda vez. Con eso consigue que M.M. se despierte y salga de la habitación muy confundido. Se oyen risitas en la escalera y la niña vuelve a tocar al timbre una y otra vez, y otra. Hasta que no puedo más, y grito:
-¡Coño tanto tocar! ¿No ves que no hay nadie?
Al día siguiente ídem de las mismas, los cuatro encorbatados de turno.
Resultado, M.M. y yo hemos castrado el timbre. Pondré una foto si os apetece ver “la obra maestra”


20 feb 2006 | 10:40 PM
Escucho el timbre con enojo (¿quién se atreve a irrumpir en mi silencio?)
20 feb 2006 | 10:42 PM
ostia que bueno!
20 feb 2006 | 10:45 PM
Es lo que tiene vivir en una ciudad/pueblo, a mi como vivo en la huerta no me dejan propaganda ni me hacen encuestas.
20 feb 2006 | 10:48 PM
muy bien dicho
20 feb 2006 | 10:56 PM
ehmm... vaya..
20 feb 2006 | 11:00 PM
Muy bueno,Sshh!,pon la foto de vuestra obra maestra,por fa,queremos verlo,yo nunca he visto un timbre castrado,besos.
20 feb 2006 | 11:00 PM
Vaya.. me tienes en tu lista de amigos..
:) Gracias..
20 feb 2006 | 11:02 PM
;)
21 feb 2006 | 01:23 AM
hola esquizo, un pequeño lapsus, pero bienintencionado ;)
La tarta prometida
21 feb 2006 | 01:31 AM
Por cierto me parece genial lo de la "castración" yo a veces llego a odiar el timbre...y odio las visitas a domicilio...
Buena idea ;)
21 feb 2006 | 01:10 PM
jajajajajajaja es buenisimo!
21 feb 2006 | 06:56 PM
di que sí, no creo que nadie soporte esas visitas..ni siquiera aquellos que las hacen....
24 feb 2006 | 04:56 PM
Gracias a Patrus soy un recién llegado a tu blog, y lo primero que me encontré fue este relato sobre la "castración" de un timbre, me parece sencillamente genial. Ahora el que quiera llegar a tí tendrá que retroceder mucho tiempo y volver al nudillo en la puerta.
25 feb 2006 | 02:18 AM
Pues sí, Joecalamitie para llegar
a Esquizo hay que retroceder
en el tiempo y olvidarse de
modernidades, olvidar el timbre
castrado y usar los nudillos.
Srta desconocida ellos visitan
quizá por no quedarles más remedio,
pero fastidian ;)