Hoy me invade una sensación de vacío de tristeza de resignación. Cuando te acostumbras a algo, a alguien, a veces no te das cuenta que es tan importante para ti hasta que lo pierdes. Es desolador, mirar hacia allí y no encontrarlo, saber que nunca más oleré su aroma, que los días de lluvia ya no serán los mismos sin él, que las noches de luna llena parecerán oscuras y desoladoras sin su compañía, pero la vida es así, ¿Cuántos años tendría? No lo sé, lo único que sé es que se ha muerto cuando yo lo empezaba a conocer un poco. Sé que lo extrañaré todos los días de mi vida, que no lo olvidaré como a tantos otros que corrieron su misma suerte. Ya no queda rastro de él, ya su cuerpo seco se quebró, y pronto se esfumará Dios sabe dónde, sin que nadie haya soltado una lágrima por él. Me intenté engañar durante un tiempo, pero hace mucho que había muerto. Murió en septiembre pero los pájaros seguían haciendo nido en él, y muchas veces con la humedad de la noche el aroma de sus hojas llegó hasta mi ventana. Ahora la mirada se pierde en el horizonte de mi calle, me siento desnuda sin tu compañía, ahora están barriendo tus últimos pedazos.