Hoy después de tres años he hablado contigo María, es tan sencillo tu nombre. ¡ Como duele la distancia! y saber que no te volveré a ver, que morirás y yo tendré los ojos llenos de lágrimas como ahora. No podré tragar, ni respirar, igual que ahora mismo. Te echaré de menos, como en este instante y tantos otros.

María, se te quebró la voz al oírme.

Nunca sabrás de estas palabras. Hoy María te dije “Te quiero” y no podías sostener el teléfono, se lo diste a G. después de tanto tiempo ¡Que alegría te ha dado! Cómo me duelen los días perdidos, como me ahogan las palabras que no te dije y como se enquistarán estas lágrimas escondidas tras las amígdalas doloridas. ¡Vive María! ¡Vive hasta el día en el que te pueda abrazar de nuevo! Oraré, rezaré, pediré… ver de nuevo tus ojos grises algún día.