Recuerdo mis crisis de nervios, sobre todo las de los 14 años, cuando me tragaba las lágrimas, por no tener que escuchar horas de gritos o malas caras. Entonces se me cerraba el estómago, y si tomaba algo… salía más deprisa de lo que entraba. Mi cuerpo necesitaba desahogarse. Y cuando no se puede llorar, gritar, salir a la calle a caminar hasta quedar exhausta, no puedes vomitar aunque parezca que controlas la situación... Creo que ya me controlo que domino mis nervios. (Sí, en sueños quizá) Esta tarde, mientras hablaba por teléfono con A. “la mala” (que ya me gustaría a mí poder tener su “maldad”). Me estaba diciendo si he olido la colonia “Happy” Preciosa ironía... Con todo el disimulo posible, mientras se me hacía un nudo en la garganta. Le he dicho que no. Mis ojos no lloraban… pero mi nariz lo ha hecho por ellos. Lloraba lágrimas de sangre por tenerla tan lejos y no poder abrazarla, como me gustaría hacer. He seguido hablando con ella. Y sangrando al mismo tiempo. Como cuando pase aquella crisis a los 14 años. (Sangraba a todas horas, en todas partes, manchaba toda mi ropa y alguna amiga se avergonzó de mí en aquellos momentos diciendo “Deja de sangrar, que nos mira todo el mundo” Hoy tengo el doble de edad. Y he vuelto a sangrar. Ese es el monólogo de mi cuerpo, que me susurra gritando “QUE NO ESTÁ BIEN”. Estoy bloqueada.