En estos momentos no me apetece pensar en mí. En lo que me pasa y buscar posibles soluciones. Tal vez es porque tantas veces las he buscado y he creído que ya estaba olvidado el problema. Parece que no tiene fin.

Sumo los días positivos (cuando estoy bien) y me alegro de poder haber llegado hasta donde sea que estoy. Y creo que nunca más volverán las crisis, los miedos, las tristezas, el ahogarme respirando un aire irrespirable, como si fuese una asmática psicológica. Los pulmones se niegan a llenarse de aire, sé que es solamente una sensación que tengo. Puede deberse a mi estado de ansiedad. Por eso no me preocupo… no es ninguna enfermedad. Es el resultado de una situación a la que no sé enfrentarme. Una rabia que no expreso. Un dolor por el que no puedo gritar. Hace tiempo, cuando lloraba, todo era más fácil. A medida que mis lágrimas salían mi paz interior se iba acomodando en mí. Ahora no lloro. No quiero que me vean llorar. No por vergüenza, es para no tener que explicar la causa de mi llanto, ni para hacer sufrir a los demás. Ya que eso sería, mucho más peligroso que no llorar y tragarme la rabia.