Creo que la hora de la comida o la hora de comer hace ya mucho rato que pasó. Cuando estoy triste y nerviosa, comer me pone todavía peor. Es como desaprovechar un buen momento, o como darme lo que no merezco. Es desesperante comer cuando tengo un nudo en la garganta y creo que el sabor de las lágrimas aplacara cualquier otro sabor. A veces no hace falta llorar para degustar las lágrimas. Pero esto es como el pez ese que se muerde la cola, si no como no tengo fuerzas ni para llorar. Y ayer gasté demasiada energía con aquel ataque de rabia contenida desde hacía seis días (o quizá sean años). Es vergonzoso decirlo, pero ayer me agredí de nuevo. Quería descargar mi dolor gritando, pero no podía, llorando tampoco… así que me di con una bandeja de duralex en la cabeza. ¡Que condenado es ese material! Alucinante, parecía de mármol. No se rompió. Ni la bandeja ni mi cabeza. Ahora me duele el cuello un poco, por que me di con muchas ganas, y fue él (el cuello) el que tuvo que aguantar el chaparrón. La cabeza me duele menos de lo que tendría que dolerme.